Alguna vez un trasnochado y muy amigo en un bar me dijo con toda la seriedad que podía extraer de ese contexto (que no era mucha) “hay que terminar con la dictadura del automóvil”.
Entre los innumerables comentarios que pueden darse en un encuentro de muchas horas y con varias personas solo esa frase se afincó en mi cabeza, y por varios días.
El trazado de nuestras ciudades se ha diseñado en función del antecedente más cercano del automóvil: la carreta. Luego con la invención de auto todo se disparó violentamente y no hay más que ir a San Pablo para ver hasta dónde ha llegado la locura de este negocio que, dicho sea de paso, es una de las actividades más contaminadoras del planeta. Por qué no traer también el caso de Estado Unidos en donde todo comercio tiene su playa de estacionamiento y desestimula a la gente a caminar por la calle. Esto parece terrible y en verdad lo es: la gente no camina por la calle.
Por eso está buena toda iniciativa que tienda a recuperar la calle. A las murgas generalmente se las critica por los cortes pero hay que ver a los chicos corriendo y jugando con los pomos de espuma por avenidas ingratas que solo reconocen a los vehículos. Está bueno cuando se ensancha la vereda en la avenida Corrientes o ahora en el barrio de Palermo y más buena está la iniciativa que hace peatonales a muchas calles.
Pero en esta lucha sin cuartel por la calle, por recuperar espacios para la recreación y la integración de la comunidad no todas son buenas noticias.
El Parque San Benito o más conocido como el parque del Monumento a Güemes (Echeverría y la avenida Figueroa Alcorta) ha sido invadido por un grupo muy numeroso de gente que hace lo que ahora se dice “outdoor” o lo que antes se llamaba “joggins” (en criollo: actividades deportivas al aire libre).
Un montón de autos rompen los conos de madera para entrar al parque, sus conductores utilizan el predio como si fuera una playa de estacionamiento para luego y sin culpas dedicarse a sus actividades recreativas.
Aunque suene medio alcahuete hay que decirlo: ni la policía ni las autoridades del Gobierno de la Ciudad han tomado conocimiento de esta situación. Acá en “Expedientes Secretos Comuna13” presentamos las fotos que lo prueban.
En los bosques de Palermo por ejemplo los fines de semana se cierra el tránsito (cosa que debería hacerse durante toda la semana). Dada la cercanía, no podrán las autoridades acercarse a este predio y desalojar a estos ocupas motorizados y así poder recuperar las plazas para la gente que está cansada del tránsito, de la polución, de las manchas de aceite, de los ruidos, los bocinazos y toda esa locura que acompaña al negocio de la industria automotriz.
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