Este domingo, como muchos otros, decidí no dejarme abatir por la “Depresión dominguera”. Limpiar mis pulmones, tan contaminados por tanto coche y colectivo que circula por la General Paz, “…como si fuesen barcos de vapor que transitan por un río gris…” La metáfora se asoma a mi cabeza al ver la estela de hollín que van dejando tras de sí. Decido, por mi salud dejar la colectora. Tras hacer unas pocas cuadras me siento transportada a otro paisaje, uno casi silencioso, poco más o menos como si el tiempo me llevara hacia un pasado lejano y bucólico, matizado de diferentes tonos de verde y de perfumes a tilos, pinos, cipreses, tuyas, robles, palmeras frondosas que inducen en mi a un estado de somnolencia, una especie de borrachera sutil y gozosa, de ensueño… Esos son los momentos donde creo posible mi sueño más anhelado: ver con mis ojos entrecerrados la verdadera esencia del paisaje, sus recuerdos, su historia.
Al rato de andar paso junto a un poste y veo pegado en el un viejo afiche que rezaba: “El 27 de abril fiesta de Núñez y Saavedra en el Aniversario de su fundación. Venga a….” y comencé a recordar como fue que esta historia comenzó…
Las calles de Núñez poseen el sello imperecedero de los espacios abiertos que le legaran las”Quintas” con que se poblara el suburbio a fines del siglo XIX. Seguramente cuando, en 1872, Don Florencio Emetrio Núñez se abocó a diseñar el plano de una urbanización y crear, un año después para tal fin, la Sociedad "Núñez y Cía.”, no puedo ni imaginar la belleza que alcanzaría en la actualidad. Hasta ese momento eran solo papeles y sueños.
Para tal fin contrató al ingeniero Laurentino Sierra Carranza y al arquitecto Juan Antonio Buschiazzo (el mismo que trazara, entre otras cosas, la ampliación de la Av. de Mayo), quienes debían proyectar y concretar la urbanización de este y su vecino Barrio de Saavedra.
Nadie me podría negar que este hombre, de casi cuarenta años, era realmente un “adelantado” a su tiempo. Don Florencio compró estas tierras, en lo que para aquel entonces era el Cuartel Vº del Partido de Belgrano, una zona de terrenos altos que se denominaban “Las Lomas de Saavedra”. Y muy poco tiempo después donó los terrenos para que se construyera una estación de tren que, en reconocimiento y gratitud a su generosidad; a su espíritu de desarrollo, lleva su nombre.
Aborda así su magistral jugada comercial: el domingo 27 de abril de 1873 se inaugura la estación del Ferrocarril del Norte (Mitre) y se lleva a cabo lo que podríamos considerar fundación formal de ambos barrios: Núñez y Saavedra.
Ese día, Don Florencio, dio muestra de su “indiscutible modernidad”, aplicando para promocionar su proyecto lo que hoy llamaríamos técnicas de marketing; cuando arribaron a la zona los primeros trenes, que trasladaba a unas dos mil personas, al descender en la flamante estación los visitantes fueron encaminados deferentemente, al son de bandas de música, hasta el lago artificial de Saavedra en el parque que actualmente ostenta ese nombre. Allí fue bendecida una góndola, realizándose luego un banquete tras el cual el fundador y el doctor José Francisco López pronunciaron discursos alusivos a los actos. Este trayecto de caminata posibilitada a potenciales compradores contemplar la belleza de la propuesta urbanística.
Y parece que la publicidad no le falló. En muy poco tiempo se iniciarían los remates de terrenos y el lugar comenzaría embellecerse con casas y parques que tienen ese toque tan particular que hermana a ambas barriadas, a Saavedra y Núñez.
Por eso la Legislatura luego de ciento treinta años, el 05 de diciembre de 2002, declaró el “27 de abril”, aquella fecha que anunciaba el afiche, como el "Día del Barrio de Núñez" en conmemoración de aquel de 1873 en el cual se inauguró la estación homónima y Don Florencio pudo comenzar a llevar a cabo la realización de sus sueños.
Miro a mí alrededor y me doy cuenta de lo mucho que caminé ensimismada por el entorno apacible que me envuelve en este momento. Muy a mi pesar y ya lejos del peligro de depresión, decidí emprender el retorno a casa. Seguramente, pronto, me volveré a encontrar con nuevas preguntas, esas que nacen de lo cotidiano y me obligan a conocer un poco más el pedacito de Buenos Aires en el que vivo.
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